Vladimir Lenín y la cuestión nacional en América Latina

Martín Delgado

POR MARTÍN DELGADO CULTELLI

Este año marcó 150 años desde el nacimiento del revolucionario ruso Vladimir Ilich Lenín. En este marco es que queremos rescatar una serie de planteamientos muy invisibilizados y que son sumamente centrales para entender muchos conflictos sociales de la actualidad. La vigencia de estos planteamientos leninistas puede orientar en la lucha social contemporánea. Particularmente también le agregaremos nuestra perspectiva desde la realidad en que estamos, la latinoamericana.

Destacamos la visión leninista, ya que fue este revolucionario, y no tanto Carlos Marx y Federico Engels, el que más desarrolló el tema de la pluralidad étnico-cultural y el nacionalismo. Justamente por buscar los caminos de la revolución socialista en una realidad étnico sumamente compleja como la de Europa del Este, es que Lenín tuvo interpretaciones superiores a las de Marx, quien venía de una familia que había sacrificado su etnicidad (la judía) en pro de escalar socialmente en la sociedad nacional alemana. Desde el punto de vista del conocimiento situado, podemos entender que Marx y Engels no hayan desarrollado estos temas por vivir y pensar desde las metrópolis de Europa Occidental. Mientas que a Lenín le tocó la gran tarea de pensar y organizar desde la complejidad cultural y étnica de Europa del Este.

Dichas reflexiones son particularmente relevantes (por más que ya tengan más de 100 años) porque en el contexto actual se siguen viendo las dos tendencias de la cuestión nacional descritas por Lenín. Hoy en día tenemos el avance político de sectores ultranacionalistas conservadores y por otro lado la avanzada de las minorías étnicas. Y en el caso de América Latina vemos como claramente las organizaciones indígenas son las que están interpelando a las empresas capitalistas y a los Estados Nacionales (que reafirman su nacionalismo conservador).

En este contexto actual viene muy bien releer estos clásicos de Lenín que fueron invisibilizados. Veamos los planteamientos leninistas.

Las dos tendencias de la “cuestión nacional”

Lenín identifica claramente dos tendencias históricas dentro de la denominada “cuestión nacional”. Por un lado, el “nacionalismo burgués” y por el otro el “derecho a la autodeterminación de los pueblos”. El “nacionalismo burgués” es denunciado como una máscara para dividir a la clase obrera y para incentivar más reaccionarios, así como también al imperialismo. Sostiene:

“ … Se deduce que cualquier nacionalismo liberal-burgués lleva la mayor corrupción a los medios obreros y ocasiona un enorme perjuicio a la causa de la libertad y a la lucha de clases proletaria. Y esto es tanto más peligroso por cuanto la tendencia burguesa (y feudal-burguesa) se encubre con la consigna de “cultura nacional”. Los ultrareaccionarios y clericales, y tras ellos los burgueses de todas las naciones, hacen sus retrógrados y sucios negocios en nombre de la cultura nacional (gran rusa, polaca, hebrea, ucraniana, etc)”.

Lenín, “Notas críticas sobre la cuestión nacional”

Por otro lado, sentencia:

“Fijaos en los capitalistas: intentan atizar la hostilidad nacional entre la “gente del pueblo”, pero ellos mismos arreglan sus asuntos perfectamente. En una misma sociedad anónima se congregan rusos, ucranianos y polacos, hebreos y alemanes. Contra los obreros están unidos los capitalistas de todas las naciones y religiones, más a los obreros se les quiere dividir y debilitar por medio del odio nacional”.

Lenín, “Nacionalización de la escuela hebrea”

Al mismo tiempo alerta a las organizaciones revolucionarias sobre la instrumentalización de cierto nacionalismo para encausar a las masas a los intereses de las burguesías. Al respecto:

“La socialdemocracia debe poner en guardia con toda energía al proletariado y a las clases trabajadoras de todas las nacionalidades para que no se dejen engañar por las consignas nacionalistas de “su” burguesía, la cual, con discursos melifluos o fogosos acerca de la “patria”, intenta dividir al proletariado y desviar su atención de los fraudes de la burguesía, que concluye una alianza económica y política con la burguesía de las demás naciones y con la monarquía zarista”.

Lenín, “Tesis sobre la cuestión nacional”

Pero su crítica furibunda al “nacionalismo burgués” y su llamado a la unión del proletariado no esconden su reconocimiento por el “derecho a la autodeterminación de los pueblos”. Lenín reconocía que los “movimientos nacionales” eran movimientos de masas genuinos y que las “minorías nacionales” tenían derechos que debían ser defendidos por las fuerzas revolucionarias. Incluso señalando que las reivindicaciones étnico-nacionales eran armas sumamente necesarias para debilitar al “nacionalismo burgués” de los Estados imperiales. De ahí la necesidad de que las fuerzas revolucionarias le disputarán a la burguesía la hegemonía en los “movimientos nacionales”.

Lenín nos dice claramente:

“La teoría marxista exige de un modo absoluto que, para analizar cualquier problema social, se le encuadre dentro de un determinado marco histórico, y después, si se trata de un solo país (por ejemplo, el programa nacional para un país determinado) que se tenga en cuenta las particularidades concretas que distinguen a este país de los demás dentro del marco de una y la misma época histórica”.

Lenín, “Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación”

Sobre la disputa dentro del “movimiento nacional”, al respecto nos dice:

“La liquidación de toda opresión feudal, de toda opresión de las naciones y de todo privilegio para una de las naciones o para uno de los idiomas es una obligación indiscutible del proletariado como fuerza democrática; en ello residen los intereses indiscutibles de la lucha de clases del proletariado, velada y frenada por las querellas nacionales. Pero apoyar el nacionalismo burgués más allá de estos límites, firmemente establecidos y encuadrados en un determinado marco histórico, significa traicionar al proletariado y pasarse al lado de la burguesía. Existe aquí un límite, a menudo muy sutil, del que se olvidan por completo los socialdemócratas ucranianos y los del Bund”.

Lenín, “Notas críticas sobre la cuestión nacional”

Pero donde desarrolla cabalmente la tarea de los revolucionarios sobre el derecho a la autodeterminación de los pueblos y el reconocimiento de las “minorías nacionales” son en los siguiente textos:

“ … El planteo de nuestro programa (sobre la autodeterminación de las naciones) sólo puede ser interpretado en el sentido de la autodeterminación política, es decir, del derecho de separación y a la formación de un Estado independiente”.

Lenín, “Tesis sobre la cuestión nacional”

“ … El reconocimiento por la socialdemocracia del derecho de todas las nacionalidades a la autodeterminación requiere que los socialdemócratas sean absolutamente hostiles al empleo de la violencia, en cualquiera de sus formas, por parte de la nación dominante (o que constituye la mayoría de la población) para con la nación que desea separarse en el terreno estatal; Reclamen que el problema de esa separación sea resuelto exclusivamente sobre la base del sufragio universal, igual, directo y secreto de la población del territorio correspondiente; Luchen sin tregua tanto contra los partidos octubristas y ultrarreaccionarios como contra los liberales burgueses (“progresistas” demócratas constitucionalistas, etc) en cuantas ocasiones defiendan o permitan estos la opresión nacional, en general, o nieguen el derecho de las naciones a la autodeterminación, en particular”.

Lenín, “Tesis sobre la cuestión nacional”

“ … Al defender el régimen estatal consecuentemente democrático, la socialdemocracia exige la absoluta igualdad de derechos de las nacionalidades y lucha contra toda clase de privilegios de una o de varias nacionalidades”.

Lenín, “Tesis sobre la cuestión nacional”

“ … La socialdemocracia exige la promulgación de una ley general del Estado que proteja los derechos de toda minoría nacional en cualquier lugar del país. En virtud de esa ley debe declararse carente de vigor y prohibir bajo pena de castigo toda medida que intente adoptar la mayoría nacional para crear privilegios nacionales o menoscabar los derechos de la minoría nacional (en la enseñanza, en el uso de una u otra lengua, en los asuntos presupuestales, etc)”.

Lenín, “Tesis sobre la cuestión nacional”

Para Lenín, no solo había que reconocer y apoyar el derecho de los pueblos dominados a la liberación y la construcción de un Estado (socialista) propio, si no también el reconocimiento de la pluralidad cultural dentro del Estado Socialista. Como el Estado Burgués está regido por la mono-nacionalidad, el Estado Socialista debía ser plurinacional. En su visión de Estado, el líder soviético, proponía un Estado federativo “multinacional” (en el sentido de nacionalidades culturales). Para este cometido también hacía hincapié en la formación de los cuadros obreros y revolucionarios en antirracismo, diversidad cultural y la defensa del derecho a la autodeterminación. Al respecto escribe:

“El centro de gravedad de la educación internacionalista obrera de los países opresores tiene que estar necesariamente en la prédica y en la defensa de la libertad de separación de los países oprimidos. De otra manera, no hay internacionalismo. Tenemos el derechos y el deber de tratar de imperialistas y de canallas a todo socialdemócrata de una nación opresora que no realice tal propaganda. Esta es una exigencia incondicional, aunque prácticamente, la separación no sea posible ni “realizable” antes del socialismo más que en el uno por mil de los casos”.

Lenín, “Balance de la discusión sobre la autodeterminación”

La clave de porque Lenín le daba tanta importancia al reconocimiento de las “minorías nacionales” y su “derecho a la autodeterminación” además del hecho de la complejidad de impulsar un movimiento de masas revolucionario en un contexto social sumamente diverso étnicamente. También se debe a las relecturas sobre los escritos de Marx sobre la situación de Irlanda al final de su vida. Una visión en donde se veía que, para golpear duramente a las élites imperialistas, era necesario la revolución de los pueblos colonizados. Solo la liberación de los pueblos colonizados y su coordinación con las fuerzas revolucionarias de las metrópolis, podría derribar al Imperialismo. En su visión geopolítica declara:

“Primero, los países capitalistas avanzados de Europa Occidental y los Estados Unidos. En ellos han terminado hace mucho los movimientos nacionales burgueses progresivos. Cada una de estas “grandes” naciones oprimen a otras naciones en las colonias y dentro del país. Las tareas del proletariado de las naciones dominantes son allí exactamente las mismas que en Inglaterra en el siglo XIX con relación a Irlanda”.

Lenín, “La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación”

Debemos aclarar que cuando se refiere a Irlanda, se refiere al planteamiento de Marx en 1870. Quien plantea que no hay golpe más duro a la burguesía terrateniente inglesa que la independencia de Irlanda y que esta realice una reforma agraria. En este sentido el revolucionario ruso plantea una visión pluralista de las fuerzas revolucionarias que destruirán al capitalismo. Al respecto dice:

“La revolución social sólo puede producirse bajo la forma de una época que una guerra civil del proletariado contra la burguesía en los países avanzados con toda una serie de movimientos democráticos y revolucionarios, comprendidos los movimientos de liberación nacional, en las naciones poco desarrolladas, atrasadas y oprimidas. ¿Por qué? Porque el capitalismo se desarrolla de manera desigual, y la realidad objetiva nos muestra, a la par con las naciones capitalistas altamente desarrolladas, toda una serie de naciones muy poco desarrolladas o no desarrolladas en absoluto en el aspecto económico”.

Lenín, “Sobre la caricatura del marxismo y el economismo imperialista”

La situación latinoamericana

En “La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación”, Lenín no hace mención a Latinoamérica. Se ve que claramente el pensador ruso sabía muy poco de la realidad de nuestros países (algo muy similar a lo de Marx), de ahí que no supiera caracterizar a la región ni como sociedad capitalista avanzada, ni como semicolonial. Quien sí escribió importantes interpretaciones sobre la lucha de clases y la dinámica política de nuestra región fue Leon Trotsky, durante su exilio en México. Sin embargo, el líder exiliado del ejército rojo no realizó interpretaciones sobre los conflictos étnicos latinoamericanos (que son claramente evidentes en México). Por eso para este trabajo no abordaremos sus interpretaciones.

Quien sí abordó la dimensión étnico-nacional en sus interpretaciones de la realidad latinoamericana fue el marxista peruano José Carlos Mariátegui, quien veían en los pueblos originarios y sus disputas una fuerza central en el proceso revolucionario peruano, en particular, y latinoamericano, en general. Su legado lo podemos encontrar hasta la actualidad en diversas corrientes y fuerzas a lo largo del continente. Sin embargo, el mariateguismo (que no abordaremos en esta oportunidad), fue también muy subalternizado e invisibilizado por el marxismo hegemónico. Y es que la intelectualidad de izquierda en América Latina es fundamentalmente criolla (perteneciente a una etnicidad dominante) y profundamente eurocéntrica.

Es curioso que Lenín, perteneciente a una etnicidad dominante (ruso), haya tenido más capacidad de reconocer la complejidad étnica de su realidad y de valorar las reivindicaciones étnico-nacionales. Sin embargo, la mayoría de los intelectuales y revolucionarios latinoamericanos, pertenecientes a una etnicidad domínate (la criolla o “nacional”, entiéndase como “uruguayo”, “argentino”, “chileno”, “mexicano”, “hondureño”, etc), han sido incapaces de reconocer la complejidad étnica latinoamericana y valorar las reivindicaciones de los pueblos originarios y afro-descendientes.

La carencia del pensamiento leninista para interpretar América Latina, es que Lenín pensaba que, con la construcción de Estados independientes, se iba a eliminar la dominación de los Estados más poderosos (Rusia, Austria, Serbia, etc). De ahí que, tras desintegrarse el mundo soviético, hayan explotado tantos conflictos étnicos extremadamente violentos en Europa del Este. La historia y realidad latinoamericana también demuestran que, tras conseguir la independencia política de España, no se hayan roto las cadenas coloniales. Prácticamente la historia del continente es una sucesión de dominaciones coloniales.

Y al mismo tiempo, las relaciones de dependencia colonial con Potencias Occidentales por parte de los países latinoamericanos, se le debe agregar las relaciones coloniales a la interna de nuestros países. “La ley de desarrollo desigual y combinado y América Latina” por George Novack expone las relaciones coloniales intracontinentales. A esto hay que agregarle el gigantesco aporte de Pablo González Casanova y de Rodolfo Stavenhagen con el concepto de “colonialismo interno”. Y es que las sociedades nacionales dominantes (la identidad cultural dominante de nuestros países) ejercen una relación absolutamente colonial, que no ha cambiado nada en 500 años, con los pueblos originarios y afro-descendientes.

Pensar desde Latinoamérica nos hace ver que no alcanza con la independencia política para liberarnos del colonialismo. Y ahí es que vienen los aportes importantes del leninismo. La “cuestión nacional” en nuestro continente no se puede resolver sin un verdadero proceso revolucionario que no sólo combata el yanaconazgo de las élites nacionales con respecto a los centros imperiales, sino que también transforme radicalmente las formas de las relaciones sociales a la interna de nuestras sociedades. Proceso que debe encarar el proletariado en conjunto con todas las naciones oprimidas del continente (sí, es momento de reconocer el carácter de “Nación” a los indígenas). Básicamente, o nos volvemos Estados Plurinacionales, o es mejor que directamente desaparezcan estos Estados Oligárquicos.

Es momento de reconocer la complejidad étnico-nacional de nuestras sociedades. Y la importancia de las “minorías nacionales” en el proceso revolucionario latinoamericano. Lenin lo reconoció y de ahí la gran gesta soviética. Si nosotros no lo reconocemos. Más vale seguir siendo dominados. Y principalmente, estemos atentos a aquellos actores que bajo un discurso de “la patria” siguen encubriendo las alianzas con la burguesía internacional además de reforzar las relaciones de dominación hacia las “minorías nacionales”, en otras palabras, defensores del colonialismo internacional y del colonialismo interno.

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