Peruanos exigen reforma constitucional para frenar legado de corrupción

Steve Lalla

POR STEVE LALLA

Perú se vio sacudido por las protestas tras la destitución del presidente Martín Vizcarra el 9 de noviembre de 2020. Vizcarra fue el quinto de una sucesión de presidentes peruanos acusados ​​de complicidad en escándalos relacionados con el conglomerado brasileño de construcción Odebrecht. Una muestra masiva de descontento enfrentó a su sucesor, Manuel Merino, quien renunció rápidamente. El 17 de noviembre fue nombrado presidente el centrista Francisco Sagasti. Continúan las protestas, caracterizadas por el enojo por las políticas neoliberales de Perú y las claras demandas de una nueva Constitución.

El nacimiento del Perú neoliberal

En Perú, la implementación del neoliberalismo por la fuerza y ​​el desencadenamiento de levantamientos violentos tienen similitudes sorprendentes con la historia reciente de Chile. El modelo neoliberal fue implementado en Perú por el presidente Alberto Fujimori, quien asumió el cargo en 1990 tras la presidencia de Alan García de la Alianza Popular Revolucionaria Estadounidense, APRA. Los movimientos de García para nacionalizar la banca y su fuerte postura antiimperialista lo habían convertido en un objetivo inmediato de las finanzas internacionales. Como en Chile bajo Salvador Allende, o en Venezuela hoy, resultó la hiperinflación. Perú no pudo capear la crisis.

Menos de dos años después de asumir el cargo, Fujimori hizo estallar el proceso democrático, cerró las puertas del Congreso, suspendió la Constitución y purgó gran parte del poder judicial a través de un proceso llamado “autogolpe” en abril de 1992. Como Pinochet, Fujimori masacró a los comunistas e izquierdistas, atacó a la población indígena de Perú y cometió una serie de violaciones de derechos humanos, por lo que fue arrestado años después.

Fujimori ordenó la masacre de Barrios Altos de noviembre de 1991, en la que al menos quince personas fueron asesinadas por un escuadrón de la muerte paramilitar de las Fuerzas Armadas del Perú. El ataque tenía la intención de atacar a la organización Sendero Luminoso. El autogolpe impidió efectivamente la investigación de los crímenes. En mayo de 1992, cuarenta y un presos, presuntos miembros de Sendero Luminoso, fueron asesinados por la policía peruana en la cárcel. Fujimori también fue condenado por autorizar una masacre en la Universidad La Cantuta, en la que un profesor universitario y nueve estudiantes fueron torturados y asesinados en julio de 1992. Tres mil peruanos fueron asesinados en asesinatos políticos durante su primer mandato.

Mientras tanto, la presidencia estadounidense de George H.W. Bush reconoció rápidamente el inconstitucional gobierno golpista de Fujimori, mientras que los medios estadounidenses elogiaron a Fujimori por reintegrar a Perú a la economía mundial. Con un lenguaje que se hace eco de sus elogios a Pinochet, por ejemplo, el Washington Post escribió en 1995 que “según cualquier medida objetiva, Fujimori ha obrado milagros en Perú”.

La implementación de Fujimori de las políticas neoliberales fue similar a las de Pinochet. “Implementó un programa radical de reformas de libre mercado, eliminando subsidios, privatizando empresas estatales y reduciendo el papel del estado en casi todas las esferas de la economía”, escribió la BBC recientemente. “Aunque esta terapia de choque trajo grandes dificultades para los peruanos comunes, terminó con la hiperinflación desenfrenada y allanó el camino para un crecimiento económico sostenido en la segunda mitad de la década de 1990”.

“Más que ningún otro líder latinoamericano, Fujimori se había suscrito al neoliberalismo en capítulos y versos”, confirman Poole y Rénique.

Reforma constitucional en Perú

Las protestas de este año sonaron el conocido llamado a la reforma constitucional. En Perú, como en Chile, se desfiguró la Constitución para permitir que las políticas neoliberales enriquecieron a las transnacionales y a la oligarquía peruana. La actual Constitución de Perú fue promulgada en 1993, en el apogeo de la dictadura de Fujimori. Fujimori “reunió una asamblea constituyente cuidadosamente seleccionada para reescribir la Constitución”, detallaron Poole y Rénique.

“Está claro que no tenemos nada, no tenemos salud, no tenemos trabajo, no tenemos pensiones, no tenemos absolutamente nada”, explicó el activista peruano José Carlos Llerena. “El pueblo lo vincula a un régimen neoliberal que tiene como base la Constitución de 1993, la cual fue esculpida de manera autoritaria”.

Es significativo que Vizcarra haya tomado medidas para reformar la Constitución del Perú. “Al ascender al poder sin el apoyo formal de ningún partido”, relató Patricio Navia, “convocó audazmente a un referéndum sobre reformas constitucionales. Los peruanos apoyaron abrumadoramente la posición de Vizcarra”. El 23 de noviembre Lima fue testigo de una marcha de miles de estudiantes, profesores y trabajadores reunidos en torno a la reivindicación de una Asamblea Constituyente.

La voluntad popular de los peruanos es clara: como los venezolanos en 1999, convocan a una Asamblea Constituyente, seleccionada por los votantes, para crear una nueva Constitución peruana y acabar con su pesadilla neoliberal. Con su apoyo vocal a una nueva Constitución, los peruanos siguen un camino tomado recientemente por otros países latinoamericanos. En octubre de 2020, el ochenta por ciento de los chilenos votó por una nueva constitución creada por una asamblea electa.

Hugo Chávez inició este movimiento en 1999, creando una Asamblea Constituyente electa que acuñó una nueva Constitución para Venezuela, revirtió el neoliberalismo “democrático” corrupto del país y los convirtió en un faro de esperanza para la región. Ecuador hizo lo mismo en 2008, aprobando la primera Constitución del mundo que “reconoce los Derechos de la Naturaleza o derechos de los ecosistemas que pueden hacerse cumplir legalmente”. Bolivia siguió en 2009, consagrando el estatus plurinacional de la nación, un modelo que se adaptaría a Perú, donde la mayoría de la población tiene alguna ascendencia indígena. Cuba realizó cambios importantes en su Constitución en 2019. Una consulta pública de gran alcance caracterizó todos estos procesos.

América Latina se levanta contra el neoliberalismo

En Chile, Bolivia y Venezuela, se requirió la movilización masiva de manifestantes y movimientos sociales para formular, iniciar y defender estas decisiones políticas.

En Bolivia, la aplastante elección del nuevo presidente Luis Arce del partido Movimiento por el Socialismo (MAS) en noviembre supuso un muy celebrado “golpe contra el neoliberalismo”. Con el presidente Nicolás Maduro, Venezuela continúa en una trayectoria antiimperialista y antineoliberal iniciada en 1998 y defendida en 2002 cuando cientos de miles de venezolanos llegaron al Palacio de Miraflores y derrocaron un golpe de estado, exigiendo el restablecimiento de su nueva democracia. Una de las primeras (y únicas) acciones del presidente golpista Pedro Carmona fue cancelar la Constitución de 1998. Chávez fue reinstalado pocos días después.

Cuando Lenín Moreno ganó la presidencia de Ecuador en 2019, revirtió los programas izquierdistas de su predecesor Rafael Correa, adoptando políticas neoliberales, incluida la aceptación de un préstamo de $4.2 mil millones del Fondo Monetario Internacional de Washington, DC. Para octubre de 2019, cuando la movilización pública generalizada en Ecuador generó un “movimiento de masas contra el neoliberalismo”, Moreno se vio obligado a dar marcha atrás y cancelar las medidas de austeridad para sofocar las protestas. La victoria electoral de 2017 de Andrés Manuel López Obrador en México se debió en gran parte a su audaz promesa de poner fin a la “larga y oscura noche del neoliberalismo”.

La lucha por la dignidad, la soberanía y una democracia verdadera y funcional para las naciones latinoamericanas no se concluirá de un plumazo, como los retrocesos en Venezuela y Ecuador, o el reinado de un año del régimen ilegítimo de Áñez en Bolivia demostrar claramente. Sin embargo, si se quiere que una democracia verdadera y funcional prospere en América Latina, esta ola revolucionaria muestra que no puede ocurrir bajo la égida de las políticas neoliberales o las Constituciones que fueron promulgadas bajo sus auspicios. A diferencia de Estados Unidos o Canadá, por ejemplo, las movilizaciones que exigen reformas constitucionales y el enjuiciamiento reiterado de políticos ofrecen esperanza para Perú.

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