Las protestas hacen ruido, pero ¿quién nos escucha? Una defensa del activismo cibernético

Carlos Cruz Mosquera

POR CARLOS CRUZ MOSQUERA

Históricamente, las marchas y mítines han sido la forma más común de protesta. Para la diáspora latinoamericana y caribeña en particular, han jugado un papel importante en la forma en que aplicamos presión sobre los gobiernos fascistas y de derecha en nuestros países de origen. A lo largo de las décadas, se han convertido en la principal forma en que demostramos nuestra solidaridad con las luchas y los movimientos revolucionarios en la región.

Sin embargo, reconociendo que ahora vivimos en la era de Internet y las redes sociales, debemos reconsiderar la efectividad de las marchas y mítines y preguntarnos: ¿es hora de que redirigamos nuestras energías hacia formas nuevas de solidaridad tangible?

Como alguien que crecí yendo a estas marchas y mítines con mis padres, siempre he sentido que son una obligación, un deber para aquellos en casa que luchan por transformar la sociedad. Sin embargo, uno no puede evitar cuestionar la efectividad de los piquetes frente a una embajada vacía en la calle secundaria de una ciudad capital o las concentraciones en una plaza principal para los turistas que pasan. Estamos haciendo ruido, pero nadie nos está escuchando.

Quizás la protesta más efectiva que podemos organizar aquellos de nosotros en la diáspora sería fuera de una sede del poder, como un congreso o un parlamento, pero incluso entonces la efectividad de esto no está probada. Después de todo, los gobiernos occidentales son los más interesados ​​en la continuación del status quo.

Las protestas en América Latina, por otra parte, históricamente han sido y siguen siendo una fuente de cambios políticos, económicos y sociales tangibles. Bolivia, para dar solo un ejemplo, ha sido testigo recientemente de la destitución del gobierno ilegítimo de derecha y esto fue en gran parte gracias al poder de las movilizaciones callejeras. La forma más eficaz de hacer nuestra parte como diáspora es formar vínculos directos con las organizaciones revolucionarias y ofrecerles apoyo material en forma de fondos.

Marchar y manifestarse para llamar la atención sobre las luchas de nuestra región, por honorable que sea, se está volviendo rápidamente obsoleto como forma efectiva de protesta. Se ha llegado a considerar casi un fin en sí mismo más que una táctica política. ¿Por qué poner tanto esfuerzo en la logística de una reunión física cuando una campaña de internet nos da mejores resultados? ¿Por qué gastar dinero y energía imprimiendo y distribuyendo folletos cuando puede dirigirse con precisión a una audiencia más amplia en las plataformas de redes sociales con solo hacer clic en un botón? Estos métodos de protesta cumplieron un propósito valioso hace dos décadas, pero no podemos continuarlos simplemente porque son tradición.

Aunque tenemos que aceptar los límites cada vez mayores de los mítines para crear conciencia y solidaridad por las luchas en casa, también debemos ser conscientes de los desafíos y límites del activismo en línea. Al igual que el activismo performativo en los mítines, donde las formas anticuadas de protesta mezcladas con el activismo liberal fomentan el cosplay y los discursos apasionados donde predicamos al coro, el activismo en las redes sociales también puede ser un callejón sin salida.

La naturaleza inherente de las redes sociales da lugar a una cultura activista individualista e impulsada por el ego que coincide perfectamente con formas liberales estancadas de protesta. Esto contrasta fuertemente con el activismo revolucionario de los movimientos en el Sur Global, y América Latina y el Caribe en particular, donde el enfoque está en promover los objetivos colectivos más que individuales.

Este llamado a transformar la solidaridad con América Latina y el Caribe de los viejos métodos a los nuevos, para ser claros, no se trata de reemplazarla con un mero “clicktivismo”. Escribir un tweet atrevido, dar me gusta a una publicación, compartir un artículo o firmar una petición simplemente no es suficiente.

Las cosas más efectivas y tangibles que podemos hacer para mostrar solidaridad con América Latina y el Caribe en nuestras comunidades es la producción y difusión de contenido informativo como carteles, artículos y videos, la creación y el intercambio de peticiones y, lo más importante, la recaudación de fondos para organizaciones revolucionarios en primera línea.

Debemos adecuarnos a los tiempos y avanzar en la lucha por el cambio revolucionario en América Latina y el Caribe, siempre pensando en lo colectivo y no en lo individual, como lo han hecho nuestros mayores diaspóricos durante décadas. Es hora de que les quitemos el testigo y utilicemos nuestra experiencia en el mundo cibernético para apoyar el movimiento hacia el socialismo.

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