Si la paz en Colombia falla, la violencia se convierte en un deber

POR CARLOS CRUZ MOSQUERA

Nota: La violencia bajo el sistema global capitalista-imperialista viene en varias formas, ya sean formas sutiles de violencia como la negación de servicios públicos o formas más evidentes, como la violencia militar y policial. Ambas formas, intrínsecamente vinculadas, deben ser combatidas. En este artículo nos enfocaremos principalmente en formas evidentes de violencia.


Las ideas liberales occidentales han permeado el pensamiento del pueblo Latinoamericano durante siglos, pero con el desarrollo tecnológico de las últimas décadas, estas ideas se han estandarizado cada vez más.

La castración mental de nuestras comunidades que los colonizadores lograron en siglos pasados ​​usando la espada y la biblia, ahora ha sido perfeccionada por la ideología liberal occidental. Ya sea a través de la televisión, los periódicos o mediante videos virales de Youtube y Facebook, o incluso a través de los viejos métodos de alarmismo religioso, la violencia se ha vuelto fuera de los límites.

A menos que sea aplicada por las autoridades estatales, por supuesto.

En este modelo social, nacido del sistema capitalista-imperialista, la violencia debe ser contenida y solo puede aceptarse allí donde las instituciones oficiales, como la policía o el ejército, la utilicen. Incluso si estas instituciones abusan de sus poderes (que a menudo lo hacen), se justifica de una manera u otra.

Por otro lado, los grupos o individuos que utilizan la violencia como herramienta política y que no están vinculados a las instituciones estatales oficiales, son etiquetados como “terroristas”. Nos han enseñado que toda violencia no sancionada por el estado debe ser malvada, nada puede ser justificada.

En Colombia, las organizaciones guerrilleras, que han tenido una lógica política clara para sus acciones violentas, a menudo son vistas como “terroristas”, “narcos” o simplemente “bandas criminales”. Todos los ideales revolucionarios que podrían atribuirse a ellos se dice que se perdieron hace décadas. Hoy, muchos dicen, se han convertido en criminales sin ningún propósito político.

Los héroes revolucionarios, como Che Guevara, que usaron la violencia para alcanzar el poder político y económico, son vistos más como mitos que como figuras históricas reales. Es decir, su uso de la violencia se ve como algo que solo puede aceptarse porque sucedió hace todas esas décadas. Hoy, aquellos que como Che intentan cambiar la sociedad a través de la violencia son despreciados y rechazados.

Si somos honestos, liberandonos de la narrativa liberal de hoy, la violencia ha sido y continúa siendo una fuerza poderosa para el bien y la herramienta más efectiva para liberarse de este sistema capitalista-imperialista.

La desmovilización de los guerrilleros en Colombia está fallando. Su abandono de la violencia, sin embargo, ha afectado negativamente a la sociedad, ya que cada vez más campesinos quedan desprotegidos de la violencia estatal y paramilitar.

Los procesos socialdemócratas en Venezuela, Bolivia y Ecuador, a pesar de tantos avances sociales, no lograron derrotar de manera permanente las estructuras violentas que protegen a las élites y oprimen a las masas empobrecidas.

El gobierno de Cuba, que irónicamente logró el poder a través de la bala, es ahora uno de los principales defensores del proceso democrático a través de urnas.

El fracaso de las democracias sociales, más evidente en el Ecuador con la elección de Lenin Moreno, plantea la pregunta: ¿debemos mantener el cambio social violento como una opción para el futuro inmediato? Se suponía que Moreno sería la continuación del gobierno del ex presidente Rafael Correa, proveniente del mismo partido de centro-izquierda. Sin embargo, una vez en el poder, Moreno dejó en claro que no continuaría las reformas del gobierno de Correa y se vinculó e hizo tratos con las élites de derecha del país.

La realidad y las condiciones de la región sugieren que seríamos tontos si abandonamos la violencia por completo.

Como sugirió el sacerdote revolucionario colombiano Camilo Torres, donde la justicia social no se pueda lograr por medios pacíficos, la violencia se convierte no solo en una opción, sino en un deber.

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