Porqué Segunda Marquetalia han retornado a la guerra: entrevista exclusiva con comandante de las Farc

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POR OLIVER DODD

En las montañas de Colombia, en el Catatumbo, OLIVER DODD habló con el comandante Villa Vázquez en la primera entrevista cara a cara con una figura de jerarquía dentro de las recientemente refundadas Farc (Segunda Marquetalia).

A pesar de haber firmado el acuerdo de paz del año 2016, que le puso fin a una guerra de 53 años con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), la clase dirigente de Colombia, incluyendo el gobierno de derecha, se han rehusado a implementar lo pactado en el acuerdo.

En cambio, el estado y la clase empresarial vieron la paz como una oportunidad de negocio: sin  mayor amenaza a la acumulación capitalista en el camino. Los territorios, antiguamente controlados por las Farc, se han convertido en escenarios a través de los cuales corporaciones multinacionales han buscado expandir industrias con un alto impacto en la ahora desprotegida tierra, y en aquellos que dependen de ella.

Minería, deforestación, extracción petrolera, extracción de palma de aceite, privatización de fuentes hídricas, cacería ilegal y narcotráfico han estado causando estragos en los antiguos bastiones de las Farc, desplazando millones de campesinos de sus tierras a los cordones de miseria de las ciudades colombianas, donde el desempleo y la falta de seguridad social los espera.

Así mismo, más de 1200 líderes sociales, especialmente sindicalistas y ex combatientes de las Farc, han sido asesinados por los paramilitares desde 2016.  Las cortes en Colombia han continuado la antigua práctica de guerra de procesar a los insurgentes de izquierda, pero no a los actores del gobierno.

Las grandes expectativas de las Farc, quienes anunciaron su transformación en un partido político legal bajo el mismo acrónimo -Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, antes de cambiar el nombre nuevamente a Comunes- se han visto arruinadas, debido a que han fracasado en presidir cualquier terreno importante o reformas dentro de la política como fue acordado, y, ahora desarmadas, enfrentan el pre-existente nivel de violencia paraestatal.

Como era de esperarse entonces, el 29 de agosto de 2019, algunos de los líderes históricos importantes de las Farc, algunos de los cuales desaparecieron dramática y repentinamente de la vida pública, se reagruparon y anunciaron la refundación de un partido comunista que combinaría la lucha política legal en los movimientos y sindicatos, con la lucha armada en espacios rurales y urbanos.

El comandante Villa Vazquez tercero desde la derecha.

En su Manifiesto Político, esta facción conocida más precisamente como Farc (Segunda Marquetalia) para diferenciarla de su predecesora, declaró que fue un error estratégico haber entregado las armas antes de la implementación de los acuerdos de paz, concluyendo que esta era la única manera de garantizar el acuerdo en un país que por mucho tiempo ha sido el más represivo de Latinoamérica.

Para entender mejor la situación política, viajé a la región del Catatumbo, en zona rural colombiana, a observar como las Farc regeneran su lucha político-militar y a entrevistar a una de sus principales figuras, el comandante Villa Vázquez, a cargo del Comando Danilo García y miembro del equivalente al Comité Central de las Farc, conocido como el Dirección Nacional.

Siendo adolescente, Vázquez se unió a las Juventudes Comunistas, un grupo afiliado al Partido Comunista legal.  Cuando más de 5000 activistas de izquierda desarmados, principalmente del partido Unión Patriótica, el cual emergió de las negociaciones de paz de La Uribe, fueron masacrados por escuadrones de la muerte desde mitad hasta finales de la década de los 80. Así Villa Vázquez tomó las armas y ha sido miembro de las Farc desde entonces.

Muchas de las víctimas de tal genocidio fueron destrozados usando los métodos más macabros jamás imaginados, en la mayoría de casos con ayuda de las fuerzas militares. Entre las tácticas más usadas por los paramilitares estaban mutilar las extremidades de los socialistas usando motosierras y machetes antes de lanzar los cuerpos al rio, o dejar los cadáveres podrir en los caseríos y pueblos como una advertencia.

Hoy la masacre continúa. En diciembre de 2020, Rosa Mendoza, ex combatiente de las Farc, fue asesinada junto a cinco miembros de su familia, incluyendo su hija de solo unos meses de nacida.  El 13 de febrero, Leonel Restrepo, de 23 años de edad, se convirtió en el ex combatiente de las Farc número 258 en ser asesinado durante el proceso de “paz”.  El número ha aumentado a 259 con el asesinato de José Paiva Virguez el 19 de febrero de este 2021.

Rosa Mendoza y su hija, las dos asesinadas por paramilitares vinculados al capitalismo.

Vázquez insistió en que a pesar del hecho de que los firmantes de las Farc se han adherido al acuerdo de paz y han cumplido con su parte en el acuerdo, el Gobierno colombiano ha incumplido los acuerdos, ha continuado matando militantes de las Farc y otros activistas, y por consiguiente “traicionó los acuerdos a expensas del pueblo colombiano, la comunidad internacional y los ex combatientes de las Farc”.

El comandante afirmó que las Farc y el pueblo colombiano tienen derecho a rebelarse y a renovar la lucha armada porque la “Segunda Marquetalia es el resultado del rompimiento de los acuerdos  de paz del 2016 por parte de la oligarquía y del gobierno colombiano”.

Señalando que los asesinatos cometidos por paramilitares en lugar de disminuir aumentaron, Vázquez concluyó: “Todas nuestras esperanzas estaban puestas en el acuerdo, pero el acuerdo fue traicionado por el Gobierno y las clases dirigentes.  Esa es la razón por la cual tuvimos que regresar a las armas.  Pero no son las Farc las que retornaron a las armas-  es el pueblo mismo.  Hoy podemos decir que el 60% de los miembros de las Farc son nuevos, no son ex miembros”.

En respuesta al Gobierno colombiano tildando la Segunda Marquetalia como una entidad criminal apolítica, Vázquez me describió en detalle la estrategia de las Farc, haciendo un diagrama en mi cuaderno de notas.

La Segunda Marquetalia combina tres estructuras organizativas claves como parte de su estrategia general: 1. fuerzas guerrilleras armadas, 2. milicianos armados y desarmados, y 3. un Partido Comunista Clandestino de Colombia completamente desarmado.

Las fuerzas guerrilleras son, principalmente pero no exclusivamente, responsables por las operaciones armadas ofensivas contra el Estado y la clase dirigente; los milicianos tienen primariamente la responsabilidad de promover los objetivos de las Farc dentro de un territorio especifico,  tales como pueblos o caseríos-  especialmente zonas tomadas por la guerrilla; y el Partido Comunista Clandestino que esta desarmado –  como los partidos comunistas convencionales, ellos trabajan dentro de los sindicatos, movimientos sociales, universidades y comunidades locales, pero debe permanecer encubierto debido a su alineamiento con las Farc.

Insistiendo en que las Farc son principalmente un partido político en lugar de un grupo armado, Vázquez dijo que “las armas son parte de la combinación de las formas de lucha y son una salvaguardia de las ideas” y “no es que vayamos a tomar el poder por medio de un movimiento armado— la lucha armada acontece porque no hay garantías para manifestar las ideas”.

Vázquez se negó a caracterizar las Farc como una rebelión campesina. Los tres componentes organizacionales — guerrilla, milicia y partido comunista, dijo él, reflejan las condiciones históricas peculiares de la lucha de clases en Colombia. 

“¿Dónde se desarrolla la lucha revolucionaria?”, me preguntó.  “Se desarrolla donde está la gente, no en el aislamiento de la selva sino donde está el pueblo — y la mayoría de gente hoy está en las ciudades y es allí donde la lucha guerrilla y revolucionaria va a ser desarrollada”.

Llevando a cabo funciones clave del estado en sus áreas base y en sus bastiones — impuestos, seguridad y mantenimiento de infraestructura— la directiva proclama a las Farc como una forma legítima de gobierno,  sustentado por un contrato social y un programa político completo.

Aunque el grupo fue refundado apenas el 29 de agosto de 2019, las Farc ya tienen una base significativa de apoyo civil en las comunidades que visité; vi sus tropas pasando por los caseríos sin problema y a sus miembros trabajando a la vista, interactuando con los civiles en las calles, incluso haciendo reuniones públicas, aparentemente sin temor de que su presencia pudiera ser reportada al ejército colombiano.

Una mujer habitante de una finca dentro de un bastión de las Farc, quien no se considera socialista ni activista política, dice “aquí la comunidad prefiere a las Farc en lugar de la policía o el ejército. Ellos siempre están ahí para ayudar inmediatamente cuando se les pide.  Ellos son parte de nosotros y nos apoyan con las necesidades básicas en una situación difícil.  Ellos también nos ayudan a organizar a la comunidad aquí”.

Sin embargo, las recientes declaraciones de Semana, la revista más grande de Colombia, de que las Farc tienen 5000 combatientes y están sistemáticamente explotando el territorio venezolano con el consentimiento de Caracas son evidentemente equivocadas. Y aunque podría parecer contraproducente para los medios a favor del Gobierno exagerar el éxito de sus enemigos, sirve para justificar el aumento en la ya grande ayuda militar que Colombia recibe – así como para darle pretextos a los Estados Unidos para actuar contra Venezuela.

En realidad, las Farc están empeñadas en un proceso de regeneración y mientras son capaces de confiar en los civiles en algunas comunidades,  el número de combatientes es significativamente más bajo que las Farc que firmaron el acuerdo de paz. 

Aun así, con los nuevos militantes ingresando a las filas del grupo y comprometiéndose con la organización de por vida; sirviendo bajo una directiva política altamente experimentada con décadas de lucha detrás de cada uno de ellos; no pasará mucho tiempo antes de que los Estados Unidos en efecto empiecen a aumentar la ayuda para la sitiada oligarquía de la nación. 

Para el Gobierno esta es una situación de su propia creación, ya que ha sido reacio o incapaz de garantizar la seguridad de los desmovilizados y de los líderes sociales, que no jugaron un papel en la guerra civil igualmente. Por eso, han dado pocas opciones a los rebeldes.

Los negociadores tendrán dudas de confiar en los representantes del Estado colombiano en futuros diálogos de paz— y las Farc tienen mucho con que negociar.  El cobro de impuestos a las compañías multinacionales y las industrias extractivas que explotan los recursos naturales,  así como el mercado negro,  le permite a las Farc alimentar sus guerrilleros tres veces al día, vestirlos y dotarlos con moderno armamento y transporte.

A diferencia de la izquierda occidental, las Farc tienen el dinero y los recursos para permitirles a sus miembros dedicarse 24 horas al día y 365 días al año a la causa. 

Y ahí es a dónde va el dinero: vida de un miembro de las Farc de cualquier rango, siempre ha sido simple — verdad de todos los movimientos guerrilleros de izquierda en Colombia que yo he estudiado en los últimos diez años que he dedicado al campo. 

Caminé con Vázquez a través de una pequeña finca donde los guerrilleros cultivaban su propia comida y criaban ganado; cada día toman turnos para dedicarse a los cultivos y alimentar a los animales, un método de independencia del cual Vázquez está orgulloso.

Aunque dice que “los gastos son significativos para una organización como la nuestra. Como revolucionarios nosotros cultivamos, nosotros inventamos cosas tales como la creación de colectivos con la población, nosotros desarrollamos actividades económicas, incluso produciendo nuestra propia comida”. 

Cuando terminé mi entrevista con Vázquez y había observado las Farc en su territorio durante una semana, me quedó claro que el refundado movimiento ya estaba echando profundas raíces.

El fracaso del Gobierno al implementar reformas estructurales dirigidas a las mega utilidades de los sectores extractivos, grandes terratenientes y otros capitalista, mientras se rehúsa a parar el desplazamiento forzado de campesinos, una de las principales exigencias del acuerdo del 2016, prácticamente garantiza que la organización se expandirá gradualmente.

La estrategia desleal del Estado colombiano con el proceso de paz como una forma de desarmar y desmovilizar la amenaza más apremiante al capitalismo, las Farc, fue simplemente guerra por otros medios— y ahora su viejo enemigo estaba pagando con la misma moneda. 

Un fantasma recorre Colombia:  el fantasma de la Segunda Marquetalia.

Investigador Oliver Dodd con el Comandante Villa Vazquez post-entrevista en las montañas del Catatumbo.

Oliver Dodd es un estudiante de doctorado que investiga la guerra civil de Colombia. Por su segunda maestría, fue galardonado con el Premio a la Mejor Tesis por el Centro de Conflictos, Seguridad y Terrorismo. Este premio fue entregado a Oliver por el ex director del MI5, Sir Jonathan Evans. Se puede seguir a Oliver en Twitter @olivercdodd.

Publicado originalmente en inglés en el periódico Morning Star de Gran Bretaña. Este artículo ha sido traducido al español de la versión en inglés.

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