El G20 y la intervención militar norteamericana en el Río de la Plata

POR MARTÍN DELGADO CULTELLI

Hace 40 años el gran folklorista uruguayo Alfredo Zitarrosa cantaba “que lo pario los Gringos que se nos vienen, que se nos vienen” en el tema “La Vuelta de Obligado”. Dicha canción era sobre la Batalla de la Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845) en donde las marinas de Gran Bretaña y Francia se enfrentaron a las tropas criollas federalistas.

En dicha intervención militar extranjera, el Río de la Plata fue obligado a dejar su economía artesanal autárquica y se abrió al mercado mundial capitalista. Nuestra incorporación al capitalismo global fue vía intervención militar extranjera. En esos años, la canción de Zitarrosa también tenía otro significado. El apoyo de los Estados Unidos a las dictaduras militares del Cono Sur, la participación de la Agencia Central de Inteligencia, CIA, en la maquinaría de muerte del Plan Cóndor y la reestructuración económica de nuestros países siguiendo las premisas de la Escuela de Chicago a través de los Ministros de Economía Alejandro Végh Villegas y José Alfredo Martínez de Hoz.

Nuevamente los “gringos” intervienen para reforzar gobiernos autoritarios y reestructurar las economías en favor del gran capital trasnacional y del financiero. Nuestra entrada a la era neoliberal fue bajo regímenes dictatoriales apoyados por Estados Unidos.

Y a pesar que muchos de la Tercera Vía sostienen que ya no existe el imperialismo, que esa es una interpretación “sesentista”, alejada de los tiempos actuales. La Cumbre del G20 que se realiza en Argentina parece confirmar que el rol de juez y gendarme que tiene los Estados Unidos al servicio de las corporaciones multinacionales sigue confirmando que el imperialismo sigue existiendo.

¿Que es el G20?

El G20 (Grupo de las 20 Potencias) es un cónclave de las principales potencias mundiales y de los principales órganos de regulación económica internacional. En dicho cónclave se deciden las grandes políticas internacionales en materia de derechos laborales, seguridad social, legislación ambiental, derechos de los pueblos indígenas y minorías étnicas, migración, control familiar y demográfico así como políticas de seguridad (narcotráfico, terrorismo, boicot a países no alineados, etc). Es un cónclave en donde los poderosos del mundo dirigen las políticas sociales a espaldas de los pueblos. Es uno de los más grandes entes de regulación del capitalismo global contemporáneo.

Los países participantes son los Estados Unidos, China, Rusia, Alemania, Arabia Saudita, Australia, Canadá, Francia, Italia, Reino Unido, Sudáfrica, Turquía, Corea del Sur, India, Japón, Indonesia, Brasil, México, Argentina y la Unión Europea como bloque. En esta edición también se han invitado a España, países bajos, Chile y Paraguay (los dos países Sudamericanos que cumplen más a rajatabla las políticas neoliberales). También participan organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, FMI, Grupo Omnicom, OMC, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, la Unión Africana, la Comunidad Caribeña, CARICOM, la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, OCDE, y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, ASEAN. Son todos los poderes mundiales reunidos en un solo lugar, decidiendo nuestros destinos.

A dicha cumbre asistirán los presidentes y gobernantes de los 19 países miembros. Así que en nuestra región tendremos a Donald Trump, Angela Merkel, Vladimir Putin, Recep Tayyip Erdogan, Xi Jinping, Emmanuel Macron, Matteo Salvini, Theresa May y a Justin Trudeau, entre otros.

Debido a la presencia de los gobernantes de las principales potencias mundiales así como de la burocracia ligada a las principales corporaciones y bancos, los protocolos de seguridad son sumamente estrictos. El gobierno argentino de Mauricio Macri destina más de 1,100 millones de dólares en seguridad para la cumbre, lo que representa un tercio de los fondos del Estado. Para defender a los poderosos, el gobierno macrista realizó ajustes en los servicios sociales como salud y educación. Todo esto en un contexto de recesión económica y carestía de la vida. Sin embargo el reforzamiento del aparato represivo del Estado Argentino no es suficiente para proteger a los poderosos. Es así que el gobierno de Macri permitirá la entrada de cuerpos de seguridad de Estados Unidos, Alemania, Francia, Rusia y China (esto es lo que se sabe, pueden haber más grupos de seguridad operando). El argumento de la militarización de la ciudad de Buenos Aires es para contener las protestas sociales (como las que hubieron en el anterior cónclave en Hamburgo, Alemania) y para evitar posibles “ataques terroristas”.

Sin embargo no solo Argentina será invadida por tropas militares y policiales extranjeras, Uruguay también lo será. El 2 de noviembre nos enteramos que el presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, autorizó la entrada al Uruguay de 400 tropas y 4 aeronaves yankees pertenecientes al servicio secreto así como de cuerpos de élite como los SEAL. El decreto presidencial también establece que otros países pueden mandar tropas a nuestro país si así lo solicitaran. El periodo por el cual vamos a estar intervenidos militarmente por el extranjero será del 26 de noviembre al 3 de diciembre. El gobierno uruguayo se basó en el Convenio de Asistencia Militar Uruguay-Estados Unidos de 1953 para permitir la entrada de tropas gringas a nuestro territorio.

Este decreto generará un debate parlamentario y un rechazo social masivo. La central sindical PIT-CNT ya se manifestó indignada por el hecho así como la Coordinación Anti-G20 de Uruguay. Hasta el momento la Unidad Popular (sector izquierdista por fuera del gobernante Frente Amplio), el Partido Comunista y el Partido por la Victoria del Pueblo (estos dos son parte de la coalición centro-izquierdista gobernante del Frente Amplio), así como el senador Javier García del Partido Nacional (partido conservador ligado a los terratenientes) se han mostrado reacios a la intervención gringa en nuestro país. Es que avalar la entrada de tropas norteamericanas no solo es violatorio de nuestra soberanía sino que también es avalar la represión indiscriminada y la violación de los derechos humanos en Argentina. Es defender a los poderes globales en vez de a los pueblos.

Entre el antiimperialismo y la intervención extranjera

A finales de 1938, luego de suscribirse el Convenio Terra-Mussolini, una flota de la Italia Fascista desembarco 4,000 tropas en Uruguay. El pequeño país sudamericano vivía por esos años el régimen dictatorial de Gabriel Terra (1933-1938) que coqueteaba con los regímenes nazi-fascistas, de ahí el hecho de permitirle a los italianos usar el puerto de Montevideo como base naval. El frente popular democrático antifascista y de resistencia a la dictadura interpretó el hecho claramente como una violación a la soberanía nacional, una subordinación a los intereses del imperialismo fascista y un aval a las violaciones a los derechos humanos cometidas por Benito Mussolini. Es así que el Partido Comunista, el Partido Socialista, los Nacionalistas Independientes y parte del batllismo (los sectores de la resistencia a la dictadura) realizaron una movilización multitudinaria para exigir la retirada de las tropas italiana y la nulidad de los acuerdos entre Uruguay y los regímenes nazi-fascistas.

Iniciada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos apoya la democratización del Uruguay para así consolidar una política anti-nazi del país. Sin embargo la influencia norteamericana no solo significaba apoyar el fin de la dictadura y el cambio en la política internacional sino también fortalecer los vínculos militares entre ambos países. Es así que en 1940 los gringos presionan para instalar una base militar en Uruguay. Esta decisión será rechazada rotundamente por el Partido Comunista y principalmente por el herrerismo (sector del Partido Nacional), es así que se frustran las intenciones de instalar una base militar yankee en nuestro país.

Pese a que se frustró la posibilidad de una base militar yankee, el gobierno norteamericano no desistió de insistir en los vínculos militares. Es así que en 1953 se sanciona por ley el Convenio de Asistencia Militar Uruguay-Estados Unidos, ley que nunca fue derogada. A diferencia de 1940 en donde los intereses norteamericanos estaban en el combate al nazismo. En 1953 el objetivo era desarrollar la política anticomunista de la Guerra Fría, una política agresiva de intervencionismo. En 1967 visita el país el presidente Lyndon Johnson, a partir de allí se reforzará el papel de asesoramiento militar norteamericano en las fuerzas de seguridad del país. Incluso con la intervención de varios agentes de la CIA como el caso del agente Dan Mitrione, asesinado por la guerrilla tupamara en 1970. Personajes como Mitrione fueron los que trajeron las prácticas sistemáticas y profesionalizadas de tortura así como la Doctrina de la Seguridad Nacional que se transformara en un régimen de terror para nuestros pueblos. Es debido a este intervencionismo militar norteamericano que la coalición izquierdista Frente Amplio fundada en 1971 estableció como principio fundacional el “anti-imperialismo”. Lo que parece indicar ahora es que Vázquez y parte de su fuerza política olvidaron los principios fundacionales de su partido.

Tampoco debemos olvidar que siempre que un presidente norteamericano transita por la región, las fuerzas policiales de nuestros países se ponen más agresivas que nunca. Esto lo vimos cuando George W. Bush estuvo en Argentina en el 2006 y en Uruguay en el 2007. En ambos casos hubieron detenciones policiales y particularmente grave fue la represión contra un colectivo anarquista que protestaban. También debemos recordar que cuando Bush estuvo en Uruguay en el 2007 era con la intención de firmar un tratado de libre comercio. Proyecto que fue rechazado por la central sindical PIT-CNT y por miles de uruguayos que nos movilizamos. Esto ejemplifica cómo tras de toda intervención imperialista hay intereses comerciales multimillonarios, pero también ejemplifica que con la movilización popular masiva, estos neocolonialismos pueden ser frenados.

El Mundo debe saber que entre el 26 de noviembre y el 3 de diciembre, el Río de la Plata será nuevamente, como en 1845, un escenario de contienda entre la libre determinación de los pueblos y los intereses militares y comerciales de los grandes poderosos. Para evitar aún mayores abusos de los imperialistas, el Mundo debe volcar su mirada a estos pequeños rincones del sur de Sudamérica.

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