Por qué la revolución del Tercer Mundo es necesaria para la revolución global

POR MARX PETERSON

Existen dos teorías sobre cómo surgirá la revolución mundial en el siglo XXI.

Primero, que el proletariado occidental tendrá que tomar el control de las naciones occidentales para extender el socialismo al Sur Global (también conocido como el Tercer Mundo). segundo, que el Sur Global primero tendrá que ser emancipado para ejercer presión social y económica sobre las naciones occidentales, lo que intensificará las contradicciones de clase y conducirá a la revolución en estas naciones.

Creo firmemente que la segunda teoría, también llamada tercermundismo, es la única forma de que la revolución global ocurra en una escala masiva y continua. Hay cuatro razones principales para esto, en mi opinión: la súper-explotación no terminará orgánicamente en Occidente, la mayoría de las propiedades productivas se encuentran ahora en el Sur Global, hay un proletariado mucho más vasto y pobre en el Sur Global y porque los estándares materiales occidentales son demasiado altos para permitir la revolución socialista.

¿Qué es la súper-explotación, uno podría preguntar?

La súper-explotación se refiere a cómo los beneficios que se obtienen de la producción en los países del Tercer Mundo se magnifican en los mercados occidentales cuando los productos se venden e intercambian en euros o dólares después de ser comprados y producidos con mano de obra que se paga en monedas más débiles no occidentales. Cuando, por ejemplo, se fabrican un par de Nike en una maquiladora en Camboya, los trabajadores son pagados en una moneda camboyana débil, utilizando bienes comprados en la misma moneda débil.

Al llegar a una tienda del Oeste, el precio se magnifica por la necesidad de ganancias triples: es decir, el dueño de la fábrica en Camboya y el dueño de la tienda en el Oeste, así como la corporación Nike, se tienen que beneficiar de este proceso.

Esta súper-ganancia típicamente termina yendo a la tienda y a Nike. Algunas de estas ganancias excedentes que no necesitan acumularse para mantener una ventaja competitiva se usan para pagar salarios relativamente altos (en términos del mercado laboral global) a los trabajadores occidentales que comercializan o venden los productos, aunque no lo produjeron.

Las súper-ganancias han sido utilizadas por muchas compañías occidentales para seguir brindando un estándar de vida más alto para la gran mayoría de la clase trabajadora en los países del Primer Mundo. A través de los sindicatos, otra clase de trabajadores, también conocida como la “aristocracia trabajadora”, se ha desarrollado desde la década de 1950, principalmente en los Estados Unidos y Europa Occidental.

La aristocracia laboral se refiere a aquellos trabajadores que han obtenido trabajos que pagan mucho más de lo que produce su fuerza de trabajo, especialmente en los sindicatos pequeño burgueses que conforman la mayor parte de la AFL-CIO en los Estados Unidos. Esta subclase de la clase trabajadora fue una amenaza para el capital occidental hasta la década de 1970, debido a la cantidad de gente que participaba en sindicatos y porque la presión constante sobre el capital por el aumento continuo de los salarios llevó a una tasa de ganancia decreciente para la mayoría de las compañías. No solo en los Estados Unidos, pero también en el Reino Unido, Francia, España y Alemania, entre otros.

Esto condujo a una intensificación de la contradicción entre las ganancias privadas y los salarios sociales, que (en su mayoría) fue fijada por las reformas neoliberales.

Con la llegada de los mercados abiertos y el neoliberalismo en la década de 1970, las corporaciones que se vieron obligadas a pagar los salarios más altos y vieron mermar sus ganancias (principalmente las empresas manufactureras y de producción de materias primas) ahora tuvieron la libertad de trasladar la producción a países donde el intercambio de divisas y la fuerza de trabajo barata disminuyó seriamente el gasto laboral, al mismo tiempo que incrementó las ganancias en gran medida. Además, las medidas antisindicales de los años ochenta debilitaron la capacidad de la aristocracia laboral para exigir mayores salarios y beneficios en la mayoría de las industrias.

Irónicamente, aunque la fuga masiva de capital manufacturero dañó a los trabajadores occidentales involucrados en estas industrias y llevó a un estancamiento de los salarios occidentales, el hecho de que la producción se trasladara al extranjero significaba que la mayoría de los productos básicos podrían ser mucho más baratos para el trabajador promedio del Primer Mundo. Mientras tanto, sus salarios podrían mantenerse lo suficientemente altos como para mantener un nivel de vida material cómodo mediante la extracción de súper-ganancias (el resultado de la súper-explotación) a Occidente.

Mediante el mantenimiento de un estándar de vida material relativamente alto en Occidente, así como a través de la colaboración entre la clase propietaria y la aristocracia laboral, la mayoría de los trabajadores del Primer Mundo se han vuelto muy pasivos y apolíticos. La mayoría de ellos tiene más que perder de la revolución socialista global de lo que ganarían, al menos en términos de condiciones materiales y disponibilidad de bienes de consumo baratos. Esto hace que la revolución orgánica sea increíblemente rara y poco realista a los ojos de la mayoría de las personas en estas naciones occidentales.

Otro problema clave es que la propiedad más productiva ahora se encuentra en países del Tercer Mundo. Esto significa que la mayoría de las fábricas, talleres clandestinos, “molinos” y otros medios de producción que generan la mayoría de los bienes de consumo ahora se encuentran en países como Camboya, México, India, Indonesia y Tailandia.

Estas son las cosas que generan valor tangible, mientras que la mayoría del trabajo en las naciones occidentales es de distribución y administración del valor. Con pocos medios reales de producción para aprovechar en una revolución, Occidente estaría condenado a una gran disminución en la disponibilidad de bienes y también tendría que pagar precios mucho más altos por estos bienes.

En términos de quién es y quién no es miembro del proletariado global, uno debe examinar la declaración clave que hizo Karl Marx sobre lo que es un “proletario”: uno que solo tiene su fuerza de trabajo para vender. Si vamos a seguir esta definición ciertamente rígida pero relevante, veremos que la mayoría de los trabajadores en Occidente tienen muchas fuentes de posibles ganancias, desde acciones y bonos hasta casas caras e incluso fondos de jubilación y 401(k)s.

Como la mayoría de los trabajadores occidentales tienen suficiente propiedad acumulada para venderla, no necesitan simplemente vender su fuerza de trabajo, pero su opción más segura es hacer eso para mantener un suministro constante de dinero. Mientras tanto, los niños trabajadores en Vietnam trabajan 13 horas al día, los trabajadores de la confección en talleres chinos que trabajan 10 horas al día y los agricultores rurales africanos que apenas pueden cultivar suficiente comida para vivir pero aún necesitan vender algo después de trabajar días enteros en el sol hirviente son el verdadero proletariado global.

Una de las mayores fuentes de poder proletario proviene de los barrios marginales de megaciudades globales, donde millones de personas viven en la pobreza extrema y apenas logran sobrevivir debido a la mentalidad de “carrera hacia abajo” (con salarios) que se ha arraigado en gran parte del Tercer Mundo desde el surgimiento del neoliberalismo. Existe el mayor potencial revolucionario dentro de estas comunidades proletarias, y de hecho, muchas de las personas en estas regiones están librando guerras populares o están involucradas en alguna forma de lucha de clases.

Como mencioné antes, el mayor impedimento para una verdadera conciencia de clase en las naciones occidentales es la abundancia de riqueza resultante de las súper-ganancias corporativas que se extraen de las naciones del Tercer Mundo. Esto es lo que permite que los salarios se mantengan (relativamente) altos en las naciones occidentales, y también hace que las mercancías baratas sean abundantes y variadas.

Debido al alto nivel de vida material que viven la mayoría de los occidentales, así como a las distracciones de los medios de comunicación, drogas, alcohol y el suministro abundante de alimentos, la mayoría de la gente no ve ningún punto real en participar en la lucha de clases o la revolución. Estas personas tienden a tener mucho más que perder que sus cadenas.

Podrían perder sus empleos seguros, casas, televisores, aire acondicionado, vacaciones, iPods y autos lujosos también. Esto no quiere decir que no haya un proletariado del Primer Mundo. Los negros, los latinos/as, los inmigrantes del Tercer Mundo, los pueblos de las Primeras Naciones y los blancos pobres son algunos de los grupos que son en gran parte parte del proletariado en los países occidentales.

Sin embargo, estos grupos están muy divididos, controlados socialmente y políticamente desorganizados en este momento y no tienen la capacidad de enfrentarse al imperialismo capitalista occidental sin antes desarrollar una línea de masas.

Si la revolución mundial comienza en cualquier parte, será en las naciones del Tercer Mundo donde están los proletarios más empobrecidos y enfurecidos, los mayores beneficiarios de una revolución mundial. Si quieren tener éxito, podrían socializar su riqueza y producción, aplicar fuertes aranceles a las exportaciones y nacionalizar las empresas extranjeras.

Estas acciones aumentarían seriamente el precio de hacer negocios en estos países y ejercerán presión económica sobre los consumidores del Primer Mundo. Los precios subirán y los salarios bajarán, ya que las súper-ganancias se verían seriamente reducidas y la cantidad de bienes importados a las naciones occidentales sería reducida para mantener las crecientes tasas de ganancia.

Una vez que los estándares materiales de las naciones occidentales se vean gravemente amenazados, las contradicciones entre la clase propietaria y la clase trabajadora se magnificarán y crearán las condiciones históricas y materiales adecuadas para la revolución en estas naciones. Sin embargo, esto solo sucederá si el Tercer Mundo se ve envuelto en la revolución y los recursos de esos países se socializan.


Nota: Este articulo fue publicado originalmente en inglés por Anti-Imperialism.com el 22 de octubre de 2014 y traducido al español por ANTICONQUISTA el 17 de octubre de 2017.

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