Una disculpa para Timochenko y las FARC de un compatriota en el exilio

POR JOSÉ CARLOS MARULANDA

El ex líder guerrillero y actual candidato presidencial, Rodrigo “Timochenko” Londoño, ha estado en las calles de Colombia mostrándole a la gente que está dispuesto a poner su seguridad en peligro para transformar a nuestro país.

Mientras que muchos de sus seguidores lo reciben con abrazos y palabras de aliento, otros lo bombardean con vulgaridades y le arrojan huevos. Esta actitud hacia un político es normal. Los políticos suelen merecer la ira producida por las condiciones que crean a través de intereses egoístas de clase.

Pero Timochenko es más que un simple político: sus intereses de clase se alinean con los de la mayoría de los colombianos.

Como el autor Canadiense James Brittain demostró en su perspicaz libro “Cambio Social Revolucionario en Colombia“, la mayoría de los cargos contra la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, se basaban en propaganda del estado para justificar su guerra contra el grupo revolucionario.

Por lo tanto, ver a otros compatriotas mostrando tanta ira y desdén por Timochenko no es solo triste, da indignación y rompe el corazón.

Aquí hay un hombre que ha dedicado toda su vida a hacer de Colombia un lugar mejor para nosotros. Un hombre que ha puesto su vida en peligro durante décadas para darnos esperanza e inspiración en un momento en que parece imposible cambiar nuestra realidad. La pobreza en las áreas urbanas y rurales está por las nubes. Los afrocolombianos y las comunidades indígenas son ignoradas y cuando protestan, sus líderes son asesinados a tiros.

Atacar a Timochenko, ya sea con vulgaridades o lanzando huevos, es atacarnos a nosotros mismos.

Si hay una fuerza política y social que nos ha defendido en contra de las élites parásitas en el país, son las FARC. Tanto como un movimiento guerrillero o un partido político.

Por lo tanto, no es suficiente decir que debemos ser “tolerantes con las diferencias”, como dicen muchos comentaristas liberales sobre la situación. Tenemos que ir más allá de ese argumento básico.

No debemos ser tolerantes con Timochenko y las FARC; deberíamos estar agradecidos con ellos. No deberíamos simplemente permitirles hacer campaña para la presidencia. Deberíamos votar por ellos y cambiar las condiciones de pobreza, ignorancia y desigualdad impuestas por las minorias politicas de siempre.

Timo, como alguien cuyos padres se vieron obligados a huir de Armenia, la misma ciudad donde los residentes te maldecían en las calles y te hicieron huir, me disculpo por las acciones ignorantes y equivocadas de mis compatriotas.

Si estuviera allí, habría gritado a todo pulmón en tu apoyo. Incluso si no hubiera alcanzado a cancelar los gritos políticamente iletrados de esas multitudes, lo habría defendido. No solo porque te admiro como persona y creo que mereces respeto, sino también porque tú y las FARC son el futuro de nuestro país.

De un colombiano en el exilio.

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