La verdad sobre la independencia de cataluña

POR JOSÉ CARLOS MARULANDA

A pesar de los muy claros motivos burgués-imperialistas detrás de la independencia de Cataluña, muchos de nosotros en la diáspora e incluso en el Sur Global lo defendemos como si fuera revolucionario.

De acuerdo, con palabras como “autodeterminación”, “independencia” e incluido “descolonización” lanzadas por los principales medios liberales, la confusión es algo permisible. Fotos de la represión policial contra los votantes y la respuesta autoritaria del gobierno español se suman a esta desorientación, provocando impulsos de solidaridad instintivos.

Desde un punto de vista global, esta lucha difícilmente puede equipararse a la independencia, la autodeterminación o la descolonización tal como lo entienden las naciones oprimidas por el sistema capitalista-imperialista mundial.

En ninguna parte se ha dicho o implicado que la separación de Cataluña de España tenga un motivo anticapitalista o antiimperialista. Por el contrario, la base principal de la “independencia” es que Cataluña, como uno de los centros económicos centrales de España, le da más al Estado español de lo que recupera.

Es decir, Cataluña quiere mantener una mayor proporción de sus ganancias capitalistas para ser distribuidas entre sus élites y tal vez distribuidas entre su población en general. Esta posición no solo rompe con la comprensión marxista de las luchas nacionales, que deberían basarse en la clase a favor de los trabajadores. También rompe con una visión antiimperialista e internacionalista del mundo.

Para aquellos de nosotros de ascendencia latinoamericana, apoyar la “independencia” catalana se vuelve aún más conflictiva cuando lo vemos a través de una lente histórica. Como toda España, la riqueza que ayudó a catapultar a Cataluña a una región moderna y desarrollada se creó en gran parte gracias a la invasión colonial de América Latina y la subsiguiente esclavización de su pueblo, así como el saqueo de sus recursos naturales.

Esta relación parásita con el Sur Global tampoco terminó hace siglos. Hoy en día, Cataluña está muy involucrada en la explotación de personas y recursos lejos de sus propias fronteras regionales. Solo la región representa el 20 por ciento del PIB de España, sin duda, el uso de empresas multinacionales y las relaciones internacionales injustas con las naciones oprimidas por su sostenibilidad económica. Sin mencionar que también es parte de la Unión Europea, la segunda mayor economía imperialista después de Estados Unidos, y desea continuar siendo parte de la Unión Europea después de obtener la independencia.

MANGO, una multinacional de indumentaria con sede en Cataluña, fue una de las 29 empresas occidentales que obtuvieron sus productos de la fábrica de ocho pisos en Bangladesh, Rana Plaza, que colapsó en 2013. También fue una de varias compañías que se rehusaron a compensar a los familiares de aquellos quien murió.

De hecho, sería absurdo culpar directamente a todos los catalanes del vil modo de operación y actitud de una sola compañía. Sin embargo, como la mayoría de los ciudadanos del núcleo capitalista, terminan beneficiándose del parasitismo económico imperialista de una forma u otra. Ya sea a través de empleos, ropa asequible o mediante los impuestos que estas compañías le dan a sus gobiernos por servicios públicos y subsidios sociales.

Toda evidencia apunta a un movimiento que desea beneficiar y formar parte del orden capitalista global, en lugar de romper con él. Desde las élites corporativas y políticas que gobiernan la región, hasta las clases trabajadoras que aún no se han pronunciado en cuanto a su posición internacional.

Cuando las capas más explotadas de la sociedad catalana y los sectores más oprimidos de Europa Occidental denuncien el capitalismo global y sus tentáculos imperialistas, las clases trabajadoras y las masas explotadas del Sur Global estarán allí para apoyar su causa.

Hasta entonces, son uno con el enemigo y no merecen ni una pulgada de solidaridad.

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