Che demostró que puedes ser blanco y revolucionario

POR JOSÉ CARLOS MARULANDA

En el 50 aniversario de su asesinato recordamos al Che Guevara, el médico argentino blanco que dedicó su vida a luchar contra el capitalismo-imperialismo en América Latina.

Algunos de nosotros hemos tenido problemas con la imagen del Che siendo la imagen más emblemática de la lucha revolucionaria en América Latina, ya que su blancura sin duda ha influido su popularidad. También, hay algunos que incluso afirman que era un supremacista blanco.

Antes de exponerse a los ideales revolucionarios, Che no era diferente al descendientes del colonizador blanco común en América Latina. Venía de un entorno privilegiado y siguió una carrera en el campo médico, inaccesible para la mayoría. Durante su vida como estudiante de medicina no había indicación que se separaría y “traicionaría” a su raza o clase. De hecho, los diarios de su motocicleta mostró que era todo lo contrario: reprodujo los estereotipos racistas de las clases coloniales en el continente.

Un Che 31 años se unió a los revolucionarios cubanos que planeaban derrocar al gobierno del dictador Fulgencio Batista. En ese momento pasó de ser un colono blanco, privilegiado y ordinario a ser un hijo del continente que abrazó las luchas de las masas oprimidas. Durante este tiempo, abandonó de manera efectiva las comodidades y los privilegios materiales que le habían facilitado la vida.

Eso no quiere decir que el Che haya podido deshacerse de los prejuicios raciales que se le inculcaron cuando era niño y durante toda su vida adulta. Sus diarios en el Congo lo demuestran. Hubo varios casos en los que se revelaron los estereotipos de los colonos blancos con los cual él había sido condicionado.

A pesar de sus deficiencias, lo normal para un hombre blanco en un mundo de supremacía blanca, el Che hizo más por la gente de América Latina que la mayoría de los blancos. El orador público Tim Wise, por ejemplo, es famoso por su trabajo en sus denuncia de la supremacía blanca y las injusticias raciales en los Estados Unidos (de la cual hace una cantidad absurda de dinero). Sin embargo, las estructuras capitalistas-imperialistas subyacentes nunca son abordadas por él, ni renunciará a los mismos privilegios que denuncia.

Mientras que el Che no se pronunció en profundidad sobre las desigualdades raciales que padece la población de América Latina, lo que sí hizo fue luchar contra las estructuras fundamentales que hacen posibles esas desigualdades.

Personajes como Macklemore o incluso políticos como Jeremy Corbyn se defienden hoy como “blancos buenos” que se solidarizan con los que sufren a manos de la injusticia racial. Sin embargo, todo lo que estos “blancos buenos” hacen es fingir. Ninguno de ellos están dispuestos a abordar realmente la base estructural de estas injusticias: el sistema capitalista-imperialista.

Hoy, donde los blancos revolucionarios son prácticamente inexistentes, el legado del Che sirve como modelo para la acción. Él la prueba de que puedes ser blanco y revolucionario.

No es suficiente hablar, teorizar o publicar artículos. Los blancos deben traicionar el imperialismo capitalista pagando reparaciones, ya sea en forma de contribuciones financieras a organizaciones revolucionarias o sacrificándose por completo como lo hizo el Che. Cualquier cosa además de esto es inútil para la liberación de los pueblos del Tercer Mundo.

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